A nadie le amarga un dulce

Aunque siempre podamos encontrar quien le ponga pegas a un buen chocolate belga, yo considero que, en el fondo, a nadie le amarga un dulce. Y yo, que soy muy golosa me pregunto que si a diario tenemos múltiples oportunidades de endulzar nuestra propia vida y la de los demás, ¿por qué no hacerlo?

Imagínate cada mañana saliendo de casa con una bandeja de dulces recién horneada, con la intención de repartirlos con quien te vas encontrando. ¿Qué reacción crees que despertarías? Es cierto que algunos pensarán que de qué planeta has salido, qué es lo querrás a cambio, aflorará su recelo, te regalarán un mal gesto o no se atreverán a probarlos por miedo a lo que pueda venir después. (Pobrecitos, vivir desde ese paradigma no debe ser nada fácil).

Pero afortunadamente creo que somos mayoría las personas que agradecemos recibir detalles que nos generen emociones positivas. 

¿Cómo te sientes cuando te ceden el paso dejándote salir en un atasco?

¿A que puestos a elegir, prefieres tomarte un café con la persona más entusiasta de la oficina y no con el más cenizo?

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