El coste de la perfección

Cansada. Así me siento cuando trato de encajar todas las piezas de un puzle que no se corresponden con la imagen de la caja.

Porque esa imagen perfecta, estática e inalterable es una instantánea puntual. Pero la vida, valga la redundancia, tiene vida propia y se empeña en seguir su propio curso, escapando a mi control.

Y por mucho que haga mis planes, me organice y mueva los hilos con gracia como una experta titiritera a veces me sorprendo frustrada al darme cuenta de que no conseguiré alcanzar esa sobrevalorada perfección.

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Si no es ahora, ¿entonces cuándo?

A veces crees que eres tú quien  enseña  cuando en realidad tienes tanto que aprender…

A veces hablamos sin decir nada, oímos pero no escuchamos, nos miramos sin ver más allá.

A veces crees que ya tienes todas las respuestas  antes de hacerte las preguntas.

Entonces  la vida te manda un mensaje de la mano de quien menos te lo esperas  con la intención de hacerte despertar.

Entonces  se detiene el tiempo, te atreves a adentrarte en las miradas y a oír más allá de las palabras.

Entonces te planteas  las cosas que das por hecho, las decisiones tomadas, la fugacidad de la vida y la belleza de cada instante.

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Sin vuelta atrás

Te regalé los mejores años de mi vida.

Empezamos casi sin darnos cuenta. Yo era joven y quería volar, no atarme a nada ni a nadie. Pero apareciste tú, y me dejé seducir por tus promesas de libertad  e independencia.

Me decían que hacía lo correcto, que era hora de sentar la cabeza. Reconozco que escogí el camino más fácil.

Al principio todo iba de maravilla, pero con el tiempo, apareció la rutina y con ella, el ahogo y la falta de ilusión.

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¿Necesitamos tantas cosas como nos hacen creer?

El pasado puente tuve la suerte de poder disfrutarlo con la familia. Pasamos unos días de campo muy tranquilos y finalmente optamos por acercarnos a la capital para que las peques vieran el ambiente navideño y con un poco de suerte también a papá Noel.

Pese a que yo sugerí la idea, me costó hacer la transición de la calma del campo al ajetreado movimiento de personas, bolsas de compras y regalos por doquier, luces y escaparates que trataban de llamar mi atención.

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