Fluir con la vida

 

Abril iba a ser el mes de mi reincorporación laboral.  De volver a buscar el equilibrio en la complejidad de ser trimadre trabajadora asumiendo que el plan de conciliación que estaba llevando a cabo en los últimos años ya no me funcionaría. Y que no sería fácil volver a hacer malabares con el tiempo, los recursos y la energía pero que merecería la pena.

¿Cómo me las arreglaría? ¿A qué tendría que renunciar?

Formaciones y eventos agendados, comunicación preparada, minicuna lista para montar  en el despacho, logística con los santos abuelos gestionada…

Y cuando ya tenía casi todas las respuestas, la vida me cambió, como a todos vosotros, las preguntas.

Hoy me encuentro semanas después viviendo en un bucle, con la casa rebosante de vida, sintiendo la cabeza a mil revoluciones, aprendiendo a fluir de nuevo con la vida.

¿Y qué es fluir con la vida?

Para mí, es aceptar la situación como viene y poner de mi parte lo que buenamente pueda para llevarla lo mejor posible. Sabiendo de  antemano que ese “lo mejor posible” distará mucho de mis expectativas iniciales.

Porque la vida es lo que pasa, a pesar de nuestros planes.

 

frases Natalia Ruiz (6)

 

5 CLAVES PARA FLUIR CON LA VIDA

 

Comparto contigo algunas de las claves que hace tiempo trato de aplicar en mi día día y que, desde que comenzó este confinamiento, aún  tengo más presentes,  ayudándome en mi  propósito de fluir con la vida.

 

1.ACEPTAR

La vida no siempre responde a nuestras preferencias, necesidades o deseos.

Y a veces, cuando por fin está alineada con ellos y te permite disfrutar de cierta armonía, caprichosamente te descoloca y te pone del revés.

Hay ocasiones en que lo vas viendo venir y otras en que te pilla sin preaviso. En los últimos años y experiencias he aprendido a aceptarlo, no con resignación sino con entereza. Invertir mi energía en adaptarme en vez de lamentarme es de lo mejor que puedo hacer para afrontar los cambios.

 

2.SIMPLIFICAR

Simplificar es  gestionar las expectativas,  reducir las exigencias y el perfeccionismo.

Es valorar lo pequeño,  apreciar lo sencillo, hacerme la vida algo más fácil con las decisiones que voy tomando.

Es ser consciente de la tendencia que tengo a complicarme y reconocer que siempre hay una alternativa más sencilla que puedo tomar que requiera menos tiempo, esfuerzo y  energía.

Simplificar me libera de mis propias cadenas al aceptar que no puedo controlarlo todo, que el mundo no gira a mi alrededor y que no necesito tantas cosas como nos quieren hacer creer.

 

3.VIVIR EL PRESENTE

Dejar de lado las prisas, los tengo qué y los debería y pararme a respirar.

Recordarme  que el único momento que tengo es este, que solo puedo aportar aquí y ahora y decidir no esperar a hacerlo cuando todo esto acabe.

Darme cuenta de que lamentarme por no poder revivir lo que hacía antes del confinamiento  me daña, lo mismo que preocuparme por la crisis que vendrá.

Tener la certeza de que lo único seguro es el hoy y es ahí  donde voy a centrar toda mi energía.

 

4.AGRADECER

Cada día me repito lo afortunada que soy por tantas cosas que doy por hecho. Afortunada por tener una casa donde protegerme, por llevarme bien con mi pareja, por estar todos sanos, por que mi bebé naciera en la normalidad, por que no falte alimento en la mesa…

Doy gracias por todo lo que he disfrutado, por los momentos que he vivido y me hacen ser quien soy, por la oportunidad de seguir levantándome cada día con la capacidad de manejar mis emociones y decidir con qué actitud voy a afrontar las dificultades que se presenten.

 

5.LENGUAJE POSITIVO

Trato de ser consciente de las palabras que utilizo, de atrapar las expresiones negativas y sustituirlas por otras más positivas

Es cierto que no siempre  llego a tiempo (ya me gustaría a mí vivir siempre con el modo zen conectado). Afortunadamente, en esas ocasiones puedo utilizar un lenguaje positivo en la conversación que mantengo conmigo misma y suavizar la bronca que me echa mi vocecilla.

Como ya profundicé en “Lenguaje en tiempos de coronavirus”, éste es un hábito que por los resultados  tan positivos que me aporta, ha merecido  la atención y las ganas invertidas.

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Abril ha sido el mes de mi reincorporación laboral. De comenzar proyectos desde cero y perder el equilibrio, porque las respuestas que hasta ahora tenía ya no sirven para esta nueva e insegura realidad.

Decido volver, con algo más de miedo y mucha  incertidumbre. Con ilusiones nuevas y la mente cargada de ideas. Con complicaciones añadidas y los grandes retos derivados de esta pandemia. Con la certeza de que no será fácil en ningún aspecto, pero con la tranquilidad que respiro al comprender que ahora, más que nunca, es tiempo de fluir con la vida.

 

 

 

#SIMPLIFY: TIEMPO DE SIMPLIFICAR

Tiempo. ¡Por fin tengo tiempo! Ese bien tan preciado y escaso  que tantas veces he añorado y ahora, por las circunstancias que todos estamos viviendo, tengo. Tiempo para mi familia, tiempo para mi pareja, tiempo para mí.

¿Tengo tiempo? La vida sigue más compleja si cabe que antes, mientras el WhatsApp y las redes se llenan de propuestas de mentes creativas que generosamente me sugieren qué puedo hacer con él.

Y con tanta lista de cosas por hacer me empiezo a agobiar porque, no sé a vosotros, pero paradójicamente a mí me sigue faltando tiempo…

Mi realidad es que he necesitado tres días para encontrar el momento de cocinar con mis hijas una mousse de chocolate que solo requería batir una mezcla de polvos con leche. 3 días.

Y que en 14 días solo he podido abrir una vez un libro. Me río de las tablas de ejercicio en casa… vamos ni intentarlo.

Y esos planes  en pareja… postergados entre miradas cómplices.

Y el teletrabajo…  misión imposible.

Una mezcla explosiva la de tantas expectativas y vida concentrada en pocos metros cuadrados.

Lo cierto es que no quiero que nadie me diga qué puedo hacer con mi tiempo. En qué canales de youtube, páginas web, series, manualidades o cursos online pasar las horas.

Me parece más sensato dedicar el poco tiempo que me queda después de vivir un día a día absorbente ( los que tenéis hijos pequeños en casa me entendéis) a escucharme y observar qué necesito y qué quiero hacer con mi tiempo.

Y es que en esta situación, más que nunca, mi cuerpo me pide simplificar. Valorar lo pequeño, apreciar lo sencillo, hacerme la vida más fácil. Dejar de lado las prisas, los tengo qué y los debería, las exigencias, los grandes sueños  y el empeño de avanzar.

Porque tanto avanzar y mirar para adelante no sirve de mucho si no me detengo en lo que soy, hago y tengo ahora.

Siempre me seguirán quedando webinars y vídeos por ver, ebooks, guías y post por leer. Proyectos por diseñar, ideas por acabar de desarrollar y adecuar su viabilidad en este momento convulso.  Así que asumo que cuando acabe esto, profesionalmente muchos me llevarán ventaja, tanta que quizás nunca les alcance. Y no pasará nada.

Me seguirá quedando gente a la que llamar, manualidades por hacer, partes del cuerpo que tonificar, armarios que ordenar y no pasará nada.

Si me tengo a mí serena, centrada, agradecida, habiendo aprendido a escucharme y a priorizar lo importante estaré fuerte para afrontar lo que venga. Sin esto, lo demás no tiene sentido. Y por esto, para mí es tiempo de simplificar.

 

Simplificar Natalia Ruiz

Maternidad y Poder femenino: Adiós al sexo débil.

Nos llaman el sexo débil….

A nosotras, que durante 9 meses cedemos nuestro vientre para acunar mil ilusiones asumiendo los cambios y las consecuencias.

Que lidiamos mil batallas con hormonas rebeldes, que cada día nos enfrentamos al miedo y la incertidumbre de que un imprevisto nos quiebre el alma.

Que sufrimos lo insufrible, que nos rompemos perdiendo la inocencia para abrazar el llanto de una nueva vida.

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Nos llaman el sexo débil….

A nosotras, que aún doloridas nos entregamos a noches en vela, a aprendizajes forzosos, a lágrimas de culpabilidad incomprendidas.

Que perdemos el sueño, nos perfumamos de cansancio y nos empolvamos de paciencia dejando tras la puerta noches eternas.

Que aun cuando no podemos más, seguimos adelante, soportando los “no sé por qué te quejas”.

A nosotras, capaces de repetir la experiencia a sabiendas de que es dura, imprevisible e imperfecta.

Nos llaman el sexo débil…. y todavía esperan que nos lo creamos.

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No dudes de que cuando la ocasión lo requiera sacarás una fortaleza interior que te ayudará a superar los momentos más complicados.
Cuando te invada el miedo, la inseguridad y no creas en tu capacidad de afrontar las circunstancias, confía en que ya dispones de los recursos necesarios para ello.
Solo has de echar la vista atrás y recordar todo lo que ya has sido capaz de superar.
Y si aún así todavía dudas, tranquila que encontrarás la manera.

Siempre podrás compartir tus temores, pedir ayuda o asesoramiento a quien por su confianza, formación o experiencia pueda comprenderte y ayudarte.

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Ojalá no olvidemos nunca lo tremendamente fuertes y poderosas que somos.
Y que no estamos solas.

 

Si lo deseas, te acompaño a tomar conciencia y a despertar tus fortalezas para que aumentes tu confianza  y vuelvas a creer en ti.

 

 

Simplify: el poder de los objetivos sencillos

En estas fechas la originalidad parece haber quedado atrapada bajo capas de polvorones, turrones y asados navideños.

Y como cuesta mucho reponernos de los excesos, y el mes de enero  también es propicio para ello,  nos lanzamos a dar la bienvenida al nuevo año hablando de cómo definir los objetivos para este 2020.

Objetivos que la mayoría de veces no vamos a cumplir. Nos invade un exceso de optimismo al llenar listas interminables de metas, que unido a una mala definición, falta de planificación, paralización por creencias y miedos  o escasa fuerza de voluntad acaban por convertir esa motivación inicial en procrastinación de unos  buenos propósitos que seguramente no verán la luz.

Que me disculpen los puristas del coaching, la focalización estratégica y la acción masiva.

Pero yo este año abogo por aplicar la filosofía #simplify  a mis objetivos , defendiendo la postura de que “menos es más” o  “mejor es poco que nada”.

Y no hace falta que estés en pleno proceso de crianza de un bebé como yo para decidirte a aplicarla.

Si tú también te encuentras con un extra de responsabilidad y agotamiento añadido, si te dispersas con facilidad , si no sabes por dónde empezar y se te hace un mundo parar a reflexionar  o si todavía arrastras esa lista de objetivos incumplidos que te hace sentir mal, te invito a que pruebes estas pautas para simplificar tus metas y las acciones para conseguirlas.

Mi intención es prestar especial atención a esos objetivos pequeños, simples y cotidianos que tan a  menudo pasamos por alto, pensando que si no nos marcamos unas súper metas somos unos pringados faltos de ambición.

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3 pasos para simplificar tus objetivos

 

1º Solo un objetivo por área vital.

En mis formaciones suelo hablar de que el equilibrio y la conciliación son como un taburete de tres patas. Cada una de ellas representa las 3 principales áreas de nuestra vida: profesional, familiar y personal. Si una de ellas falla, el sistema se tambalea, con el riesgo de quebrarse con el tiempo.

Seguro que te gustaría mejorar muchas cosas en cada una de ellas, pero mi recomendación es que te centres en una solamente. Está comprobado que si concentras tu atención y energía en una sola acción es mucho más fácil que la puedas concluir.  Lo mismo ocurre con los objetivos. Escoge solo un aspecto de mejora para el área profesional, otro en el plano familiar y otro en tu faceta más personal  y centra toda tu atención y acción en él. Una vez que lo hayas conseguido, puedes pasar al siguiente. Y así, uno a uno, verás cómo será mucho más fácil ir consiguiendo avances y ajustando tu vida en la dirección que deseas, o lo que es lo mismo, ir cumpliendo objetivos. En este linkencontrarás pautas para definir esos objetivos de forma óptima.(Esto es  fundamental para ponértelo fácil a ti mismo!)

Pregúntate:

¿Qué necesitas cambiar/añadir/quitar para sentirte mejor?

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2ºEscoge el que más fácil de conseguir te resulte

Si quieres comenzar el año con buen pie, no te compliques la existencia. Seguro que estás a tope de motivación y ganas de conseguir cosas, pero si te pasas con las expectativas y  tu objetivo es complejo corres el riesgo de quedarte a medio camino y que tu vocecilla la tome contigo con frases del tipo “No sé para qué lo intentas si eres incapaz de conseguir nada“ “Como siempre, otra cosa que no puedes cumplir”  “ Ya sabía yo que no merecía la pena intentarlo” .

Pienso que más vale comenzar por una meta realista que por una meta ideal. Irás aumentando la motivación si vas sumando metas alcanzadas y evitarás la frustración de estancarte en aquellas más difíciles de ganar.

Reflexiona…

¿Qué objetivo es más probable que consigas primero dadas tus circunstancias?

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3º Cómetelo loncha a loncha

Divide tu objetivo en pequeñas metas, que dependan de tí , que faciliten el proceso y te motiven a la acción.

Responde:

¿Qué tres primeros pasos voy a dar para conseguirlo?

Y cuando los hayas ejecutado, decide  los 3 siguientes y ponte con ellos.

 

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Si año tras año tus metas caen en saco roto, te animo a plantearte un 2020 sin objetivos como hasta ahora los habías entendido. Más bien plantéate un año con pequeñas acciones, conscientes y congruentes que te acerquen cada día más a tus metas.

Y para ello, no te olvides de:

  • Hacer lo que te haga ilusión. Olvídate del tengo que / debería/ me toca….
  • Hacer lo que sea bueno para ti.
  • Hacerlo por ti y no por la opinión o necesidad ajena.
  • Ser fiel a tus valores.
  • Vivir el momento presente.
  • Agradecer lo bueno que ya tienes.
  • Reconocer y valorar los logros ya conseguidos.

 

Te deseo un 2020 lleno de pequeñas acciones que construyan una a una tus sueños.

“Nunca descuides el poder de la  sencillez”

Natalia Ruiz

Frente al miedo, hacer para crecer

Siempre que estreno un proyecto me acompañan las dudas, el perfeccionismo, la inseguridad, los nervios, el máximo respeto, las ganas de salir corriendo.

Y pese a que me decís que no se me nota, os aseguro que los miedos están. Vaya si están. Ya me gustaría a mí tener la seguridad que transmiten aquellos profesionales a los que avalan el tiempo y la experiencia.

Pero para conseguirla es inevitable empezar, atreverme a lanzarme al vacío, (ese que me parece tan profundo y que luego resulta ser menos angustioso de lo que imaginaba), decir que sí cada vez que las piernas temblorosas me indican un no.

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En definitiva, hacer para crecer. Sabiendo que eso es lo que me permitirá afirmar sobre el terreno de juego cuáles son mis puntos fuertes, aquello que me hace especial, reconocer mis áreas de mejora y comprometerme a hacer las cosas cada día un poquito mejor.

 

¿Saltar sin red? 

 

En realidad yo no soy tan happy como para saltar sin red.( Reconozco que a veces no estaría mal lanzarme sin darle tantas vueltas al asunto). Yo salto con mucho trabajo previo, horas de preparación, reflexión, centramiento… que me ayudan a darle la mano a mis miedos e ir con ellos hasta donde la ilusión me lleve.

 

¿Cómo afrontar los miedos?

 

Habrá tantas formas de afrontar los miedos como personas, y cada una deberá encontrar la que mejor se adapte a sus circunstancias. Comparto contigo el decálogo que de un tiempo a esta parte me acompaña cada vez que decir SI despierta mis miedos:

 

Frente a los nervios, preparación.

Frente al perfeccionismo, naturalidad, aceptación y amor.

Frente a la inseguridad, convicción de apostar por aquello en lo que crees.

Frente a las dudas, ilusión.

Frente la exigencia, búsqueda de la excelencia.

Frente al ego, humildad.

Frente a la vocecilla, diálogo interno positivo.

Frente a las ganas de salir corriendo, recordar las personas a las que he ayudado y confían en mí.

Y siempre, siempre, bajo la premisa principal de poner el foco en aportar desde el amor, la sencillez y la practicidad. Sin tecnicismos, sin adornos.

Y trabajando para que mis limitaciones, mis áreas de mejora, mis miedos no sean un obstáculo para dejar aflorar  lo que tanta ilusión me hace compartir contigo.

 

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Comenzamos septiembre….

¿A qué quieres decir SI?

¿Cuál es tu red? ¿Qué es lo que necesitas para saltar a pesar del miedo?

¿Te animas a hacer para crecer?

 

“No dejes que lo que no puedas hacer influya en lo que sí puedas hacer”

¿Para qué haces lo que haces?

Nuestra vida está llena de porqués. Somos muy buenos  argumentando las razones que nos han llevado a hacer lo que hacemos, a justificar ser lo que somos. A menudo los porqués van cargados de razones que satisfacen a  la mente, pero no al corazón.

“Voy a trabajar porque necesito cobrar a final de mes” , “Estudio porque es lo que se espera de mí en este momento”  “Hago X  porque algo tengo que hacer ” son frases que se pronuncian a diario.

Sin embargo el enfoque de la vida cambia si nos preguntamos el para qué. Estas dos palabras nos ayudan a encontrar un propósito, a añadir emoción a la vida, encontrar la manera de vencer las excusas ,comenzar a actuar y seguir en el camino a pesar de los contratiempos.

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Te cuento un ejemplo real….

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¿Y si entre tus propósitos de año nuevo estuvieras tú?

Hoy empiezo el 2019, profesionalmente hablando.

Sé que para algunos ya llego tarde. Comienzo el año sin propósitos definidos, sin plan de acción, sin estrategias reflejadas en excell o en agenda.

Pero para mí lo más urgente estos días ha sido vivir y hacer un parón después de un ritmo frenético ha sido más que necesario. Además, con dos niñas en casa empeñadas en derrochar una envidiable energía poco se puede centrar una.

Hoy vuelve la rutina escolar y me encuentro cara a cara con un año entero por diseñar, un lienzo en blanco con infinitas posibilidades, ilusionante a la vez que vertiginoso. Y pienso en ti y en tu lienzo en blanco y en cómo me encantaría que también empezaras a plasmar en él tus deseos y anhelos, para dar forma desde hoy a este nuevo año.

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El coste de la perfección

Cansada. Así me siento cuando trato de encajar todas las piezas de un puzle que no se corresponden con la imagen de la caja.

Porque esa imagen perfecta, estática e inalterable es una instantánea puntual. Pero la vida, valga la redundancia, tiene vida propia y se empeña en seguir su propio curso, escapando a mi control.

Y por mucho que haga mis planes, me organice y mueva los hilos con gracia como una experta titiritera a veces me sorprendo frustrada al darme cuenta de que no conseguiré alcanzar esa sobrevalorada perfección.

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YO Sí RENUNCIO

 

Conciliar. Esa utopía que perseguimos los padres que trabajamos y deseamos ser partícipes de la vida de nuestros hijos. Utopía porque nos faltan horas y nos sobran obligaciones, nos puede el cansancio y por más que queramos no llegamos a todo. Y  miramos alrededor buscando ayuda, empatía y compromiso por parte de los de arriba para no dejarnos los sueños en el intento.

Mi experiencia me dice que si tenemos que esperar a que el gobierno establezca nuevas leyes que favorezcan la conciliación, las instituciones y empresas las pongan en práctica y esas medidas nos lleguen realmente, estamos apañados. Si queremos conciliar no nos queda otra que analizar qué está en nuestra mano hacer, qué depende de nosotros. Y eso, hoy por hoy, y salvo mínimas excepciones, supone renunciar.

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Si no es ahora, ¿entonces cuándo?

A veces crees que eres tú quien  enseña  cuando en realidad tienes tanto que aprender…

A veces hablamos sin decir nada, oímos pero no escuchamos, nos miramos sin ver más allá.

A veces crees que ya tienes todas las respuestas  antes de hacerte las preguntas.

Entonces  la vida te manda un mensaje de la mano de quien menos te lo esperas  con la intención de hacerte despertar.

Entonces  se detiene el tiempo, te atreves a adentrarte en las miradas y a oír más allá de las palabras.

Entonces te planteas  las cosas que das por hecho, las decisiones tomadas, la fugacidad de la vida y la belleza de cada instante.

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