El coste de la perfección

Cansada. Así me siento cuando trato de encajar todas las piezas de un puzle que no se corresponden con la imagen de la caja.

Porque esa imagen perfecta, estática e inalterable es una instantánea puntual. Pero la vida, valga la redundancia, tiene vida propia y se empeña en seguir su propio curso, escapando a mi control.

Y por mucho que haga mis planes, me organice y mueva los hilos con gracia como una experta titiritera a veces me sorprendo frustrada al darme cuenta de que no conseguiré alcanzar esa sobrevalorada perfección.

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